En esta entrada os quiero enseñar cómo trabajamos con un duende con autismo.
Como bien sabréis el autismo es un espectro de trastornos caracterizados por un grave déficit del desarrollo, permanente y profundo. Afecta la socialización, comunicación, imaginación, planificación y reciprocidad emocional, y se evidencia mediante conductas repetitivas o inusuales. Los síntomas son la falta de interacción social (muestran dificultad para relacionarse con otros niños de la misma edad, poco o nulo contacto visual, evitan el contacto físico, no responden al ser llamados por su nombre, no tienen lenguaje y si lo tienen presenta alteraciones), las estereotipias (movimientos repetitivos), poca tolerancia a la frustración, risas o llantos sin motivo aparente, presentan hiperactividad o son muy pasivos, no hay juego simbólico, carecen de juego creativo. La mayoría de estos síntomas pueden aparecer al año y medio de edad, comenzando con retrocesos en el desarrollo del niño.
A pesar de este diagnóstico, el niño ha empezado a "funcionar" superando las expectativas y objetivos fijados. No necesita ninguna adaptación en el currículo, si bien, hay que ofrecerle pautas muy claras y un método de trabajo bastante mecánico, dejando fuera de lugar la "improvisación" de ciertas actividades.
A principios de curso la especialista de PT me estuvo hablando de este alumno y de sus dificultades. Me recomendó trabajar por medio de pictogramas para la organización interna de ideas y la comprensión de ciertas órdenes. En educación infantil todo estaba pautado por medio de fotografías suyas realizando las tareas; como ha mejorado bastante, decidí no usarlas.
Una de las tareas que realizamos a diario es la organización del trabajo por medio de estos pictogramas. En pictotraductor podemos escribir las palabras que necesitemos e imprimirlas directamente. De esta manera, una vez plastificadas, las colocamos en su mesa, poniendo un cuadrado azul, en el que el duende coloca qué tiene que hacer en cada actividad.
Sinceramente, no pensaba que fuera a funcionar y lo veía un poco engorroso, ya que el tener que explicar para todos y lidiar con los pictogramas para que él supiera qué tenia que hacer exactamente, no me "cuadraba". Después de unos días, mi sorpresa fue que él solito, cuando había que ponerse manos a la obra, buscaba y seleccionaba el pictograma acorde con la actividad.